Mr. Holmes

Por @SilviaP3


FUENTE: Wikipedia
Mr. Holmes es un ejemplo de cine clásico, de esas películas de ritmo pausado, guión trabajado, intérpretes que bordan sus papeles, bella fotografía y desconcierto del espectador ante el apacible vaivén al que su metraje le somete.
Basada en la novela A Slight Trick of the Mind de Mitch Cullin, la historia narra el último caso de Sherlock Holmes, al tiempo que se enfrenta a su vejez y a la pérdida de memoria que empieza a padecer a sus 93 años. 

La magistral interpretación de Sir Ian McKellen no solo no decepciona sino que supera la seguridad que teníamos muchos de sus admiradores ante la tarea de afrontar este papel. Los secundarios que acompañan al indudable protagonista de esta historia no se quedan atrás. Laura Linney resuelve con convicción su labor como ama de llaves que acompaña en esta etapa de su vida al detective, así como el actor Milo Parker que encarna al hijo de aquella y que logra pasar desde la ternura a la crueldad sin pecar de sobreactuación alguna, tal y como sucede a veces con los críos de su edad.

Resulta curioso echar la vista atrás para averiguar qué obras se esconden en la filmografía de Bill Condon, quien se ha encargado de la dirección de esta dramática y hermosa historia. Condon es el aclamado director de Gods and Monsters, donde también contó con McKellen, aunque también nos encontramos en su haber con Crepúsculo: Amanecer, la cuarta entrega de ese despróposito del que poco hay que decir. 

Aunque hay críticas de lo más dispares en referencia a Mr. Holmes, es una película que los admiradores de Conan Doyle disfrutarán sin dudarlo. Precisamente aquellos que la acusan de sentimental o en ocasiones fría no aciertan a comprender que esos son sus puntos fuertes. Contar una historia tan humana, en la que la ancianidad de una persona cuyo intelecto siempre ha sido superior a la media, enfrentándose con la dificultad del paso del tiempo, y hacerlo de una forma elegante y contenida, sin caer en el sentimentalismo más vanal o en secuencias fáciles para ablandar el corazón del espectador, no es tarea fácil, y Condon, con la inigualable presencia de MacKellen, lo ha conseguido.

Absténganse, eso sí, aquellos que únicamente, y repito únicamente, consuman cine de acción o de grandes alardes de efectos especiales, pues ya les digo que se aburrirán. Como se advierte al principio de estas líneas, Mr. Holmes tiene un regusto a cine clásico que no es para todos los paladares, pero resulta obligada para todos aquellos que sean aficionados a él.

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