De libros y adaptaciones cinematográficas

 Por @SilviaP3

Cuantos más años pasan y más adaptaciones cinematográficas o televisivas uno ve de aquellos libros que ha leído, el eterno debate sobre qué es mejor, si el libro o la película, comienza a resultar cansino.

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Y aunque al margen de que, desde un punto de vista absolutamente subjetivo, uno no perdone que tal o cual director, cuando no guionista, haya incluido en su adaptación algún hecho que le parece prescindible en aras de omitir algunos que cree ineludibles, ya sea por un componente ético, estético, ideológico o emocional, el enfrentamiento entre la creación audiovisual y la literaria está servido.

Desde luego, hay que tener en cuenta que los códigos de lo literario y lo audiovisual son completamente diferentes, y cada uno de ellos cuenta con un lenguaje propio. De tal modo, como bien me recordaba en una ocasión @bocados4two, el propio George R. R. Martin, a resultas de las preguntas de sus fans sobre la serie Juego de Tronos, basada en su exitosa saga literaria Canción de hielo y fuego, declaraba: 
gone with the wind
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I have a lot of fans asking me for comment. Let me reiterate what I have said before. How many children did Scarlett O'Hara have? Three, in the novel. One, in the movie. None, in real life: she was a fictional character, she never existed. The show is the show, the books are the books; two different tellings of the same story.  («Muchos fans me siguen incitando a que comente. Dejadme reiterar lo que ya he dicho antes. ¿Cuántos hijos tenía Scarlett O’Hara? Tres en la novela. Uno en la película. Ninguno en la vida real. Era un personaje ficticio, nunca existió. La serie es la serie, los libros son los libros. Dos narraciones diferentes de la misma historia»).

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Como lectora empedernida, siempre le he dado muchas vueltas a las adaptaciones; de hecho, los debates que se pueden tener en cuanto a ellas suelen ser tan entretenidos como apasionantes, siempre y cuando nuestro interlocutor posea una mente más o menos abierta. A través de todas esas charlas y reflexiones, he llegado a la conclusión de que cuando una obra literaria es magnífica siempre va a superar a su versión en pantalla, aunque la versión en pantalla sea excelente, tal y como sucede en casos como Lo que el viento se llevó, Rebeca, La edad de la inocencia o la saga de Harry Potter. Obviamente, cabe la posibilidad de que la obra literaria sea destrozada por más sublime que sea, pero eso resulta más fácilmente identificable y menos discutible, así que centrémonos en la idea de que en esos casos, si la película es excelente, va a estar siempre algún escalón por debajo de la novela. 

¿Por qué ha de ser así?

Lo cierto es que los matices que puede brindar un libro, con sus tramas, subtramas, personajes secundarios, divagaciones y exposiciones diversas, jamás podrán abarcarse completamente en una película de dos o tres horas de metraje. Por eso, a menudo, algunas de esas novelas son llevadas a la pequeña pantalla con mayor éxito; de hecho, las adaptaciones literarias de la BBC suelen ser una apuesta segura, vean sino Esio TrotPride and Prejudice.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando un libro no es magnífico? ¿Qué sucede cuando un libro está muy bien y lo has disfrutado y te ha encantado, pero no alcanza esa categoría unánime por parte del noventa por ciento de público y crítica de que se trata de un clásico o de una obra de absoluta referencia que llega a todo el mundo? Es ahí donde se producen la mayoría de las discusiones más intensas sobre las adaptaciones cinematográficas, seguramente, sin que uno se de cuenta, ya que ante un libro que no entra en esa catalogación anterior, podemos encontrarnos resultados de todo tipo. Es en este grupo donde uno puede llevarse la  sorpresa de descubrir que la obra audiovisual supera a la escrita; la serie puede estar mejor que la saga; la película puede estar a igual nivel que la novela; o ambas pueden desperdiciarlas por completo.

Les propongo que piensen un poco en sus adaptaciones favoritas y debatan sobre ello. Eso sí, en esta discusión, es necesario haber leído el libro en el que se basan aquellas, porque empieza a ser harto frecuente que la gente opine si una obra está bien adaptada o no sin haberla leído. Les aseguro que el debate hará las delicias de aquellos que, además de ávidos lectores, sean cinéfilos.

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