Daredevil: decadentemente deliciosa

Con su segunda temporada ya entre nosotros, no queremos sólo rescatar la reseña que aquí se hizo, sino que vamos a hacer un ejercicio de autoayuda, más para saciar nuestra sed de nuevos episodios de este vengador ciego que otra cosa.

Fuente: www.mirror.co.uk
Nos encontramos ante una serie de superhéroes atípica, como su protagonista, un abogado que pierde la visión en un accidente, desarrollando, así, otros sentidos de forma exagerada, lo que le vale, bajo la tutela de un mentor y maestro en artes marciales, para convertirse en no menos que un arma blanca

Durante el día, el señor Matt Murdock, su protagonista, ejerce la abogacía de principios, algo que parece casi exótico en la primera sociedad libre del mundo, como le gusta denominarse a los norteamericanos, mientras que por la noche y ataviado de un traje oscuro, combate el crimen con sus propias manos. Esta lucha va ascendiendo según Daredevil va entrando en lo más oscuro y siniestro de Hell's Kitchen, su barrio natal, sito en Nueva York y que parece estar dominado desde las sombras por un tal Wilson Fisk (o Kingpin, como le hemos conocido los lectores de cómics). 

Fuente: www.kotaku.com
No vamos a avanzar más en la trama para no desvelar ningún aspecto importante a los no iniciados a esta serie, pero sí que vamos a hablar de ella, en términos generales para ver si os podemos hacer caer en sus garras, como nos ha sucedido a nosotros. Esta historia de superación y venganza no nos puede, a priori, decir nada nuevo, hemos visto miles de ejemplos, de Batman, Deadpool o hasta en las películas de Charles Bronson. Pero en lo que falló la malograda versión cinematográfica del personaje, la gente de Netflix parece que ha acertado, poniendo énfasis en detalles que, por otro lado, nos parecen obvios. 

Veamos, ¿nos queremos identificar con el personaje? Bien, es ciego, ¿por qué no iluminamos para que el espectador se acerque a su forma de "ver" las cosas? Algo que parece contradictorio, se ha conseguido con creces aquí, con una fotografía que roza lo absurdo muchas veces, ofreciéndonos luces amarillo chillón, calles que parecen arder con personajes a contraluz donde juegan más sus siluetas que sus expresiones faciales. Todo un alarde increíble que consigue ser creíble en favor de una trama que hace que todo sea verosímil.

Fuente: www.screenrant.com
Porque ésta es una historia de personajes callejeros, sin lujos, sin vidas idílicas y que sólo persiguen un futuro mejor. En el caso del bueno, donde sus congéneres vivan como se merecen; en el del malo, una en la que pueda superar sus traumas y pueda ser feliz, respetado e incluso temido. Y es aquí donde entra un personaje fundamental, los decorados. La ciudad habla, pero hablan también las paredes, las humedades, las azoteas... todo con un denominador común: decadencia. Estamos en un mundo decadente, donde los personajes que lo habitan luchan contra ello, renunciando a todo y a la vez, envolviéndose de esa decadencia. Y sí, aunque se trate de una serie, la calidad y cuidado por los detalles puestos, la elevan al nivel cinematográfico, aumentando así su épica, donde la ciudad prevalece y donde se alzan (o no) sus protagonistas.

Fuente: www.panels.com
Sin duda, Daredevil se convirtió en una apuesta, grande, muy grande y acabó siendo el caballo ganador de una casa que se ha aficionado a esto de producir y que cada vez lo hace mejor, como es Netflix (hasta la fecha, su primera y más llamativa creación ha sido House of cards). Por todo esto y mucho más, os recomiendo comenzar a ver su primera temporada y si lo habéis hecho ya, revisitadla, porque la segunda tiene pinta de que la va a superar y eso, en los tiempos que corren, ya es mucho decir.

Fuente: businessinsider.com.au
P.D.: increíblemente espectacular y recomendado para todos los amantes del séptimo arte es un plano secuencia que se desarrolla en un pasillo muy estrecho (del que os dejamos una pequeña muestra en forma de gif sobre estas líneas), en el que no paran de aparecer secuaces al tiempo que son despachados por el protagonista, cada vez más cansado y magullado. Decadencia, de nuevo, convertida en arte.

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